miércoles, 29 de abril de 2015

TRABAJO REALIZADO POR JORGE




Capítulo 1 


El monstruo de la habitación 


Sara  era una niña que vivía en París. Era bajita, tenía los ojos azules, siempre vestía con ropa cara y su pelo era rubio como el trigo. Le gustaba jugar a pintarse los labios con el pintalabios de su madre y se los ponía tan rojos como un tomate.

A los 8 años, se cambió de casa y, aunque estaba muy feliz porque era una casa muy grande y su habitación era la más bonita que había visto nunca,  ya desde la primera noche escuchó un ruido que parecía proceder de la propia casa. Estaba convencida de que era un monstruo que se escondía en el armario o debajo de la cama.

Desde ese momento, antes de acostarse siempre le pedía a su madre que  revisara el armario  y mirara debajo de la cama para asegurarse de que el monstruo no estaba en su habitación y así poder dormir tranquila pero, aun así,  todas las noches seguía escuchando el ruido.




Cada noche estaba más asustada y estaba convencida de que el monstruo estaría en su habitación  para siempre,  así que le dijo a su madre que no aguantaba más y le suplicó que la dejará pasar la noche con ella.

Mientras dormía con su madre volvió a escuchar el mismo ruido. Le entró tanto miedo que no podía parar de llorar y le dijo a su madre que no podían quedarse en esa casa porque no soportaba dormir con tanto miedo.

Su madre la tranquilizó y le pidió que aguantara una noche más. A la noche siguiente,  como no podía dormir,  se asomó a la ventana y cuál fue su sorpresa cuando descubrió que el ruido que tanto la atormentaba provenía del camión de la  basura que paraba justo debajo de su ventana para recoger los cubos.

Por fin el miedo a los monstruos desapareció  y pudo disfrutar completamente de su nueva casa.


Capítulo 2


El hombre misterioso


 
Sara estuvo muy contenta y sin miedos hasta que cumplió los 14 años. Una noche, cuando se iba a acostar después de haber terminado todos los deberes, se acercó a la ventana para cerrarla y descubrió  una silueta humana que parecía estar mirando a su habitación. Ella  pensó que era un hombre que la vigilaba para saber cuándo se iba y entrar a robar en su casa.

Noche tras noche observaba que la silueta continuaba  vigilándola, pero no se atrevía a decírselo a nadie por vergüenza a que se burlaran de ella por tener miedo.





Una vez al mes, ella y sus amigas hacían una fiesta de pijama y aunque ella siempre ponía alguna excusa para no

 
hacerlo en su casa, no siempre podía evitarlo y disimulaba su miedo lo mejor posible,  lo que le resultaba más fácil porque dormía con su mejor amiga que le daba mucha confianza.

Ya estaba harta de vivir con miedo a ese señor que la vigilaba, así que se armó de valor y decidió ir a hablar con él. A mitad de camino lo pensó mejor y decidió dejarlo para  por la mañana a la luz del Sol.

Al día siguiente salió de casa y fue directa hacia el hombre misterioso y cuando llegó se dio cuenta de que no era más que un simple espantapájaros de madera, con una camisa blanca como el algodón y un gorro rojo que a veces se movía por el viento.

En la siguiente fiesta de pijama que organizó en su casa, les contó la historia a sus amigas y todas juntas se rieron y lo pasaron fenomenal.

 

Capítulo 3


La casa de la bruja



Sara tenía ya 16 años cuando escuchó un rumor por la calle que decía  que la casa abandonada que había cerca de su casa  estaba habitada por una bruja. Decían que si entrabas en la casa, la bruja te metía en una cacerola para comerte.

Al principio Sara no se lo creyó, le pareció hasta un poco infantil,  pero una mañana que pasó por delante de la casa para ir al instituto escuchó un ruido y al asomarse a la ventana vio el vapor que desprenden las cacerolas cuando cuecen algo. Le entró tanto miedo que echó a correr  y no paró hasta llegar al instituto.

Esta vez sí que les contó a sus amigas lo que había visto y se sorprendió cuando todas afirmaron que habían oído el mismo rumor y que tenían el mismo miedo.

Durante mucho tiempo tanto ella como sus amigas evitaban pasar por delante de la casa por miedo a que la bruja existiera de verdad.

Sara hasta soñó con ella y en su sueño la bruja era  muy vieja con un montón de arrugas, una verruga en la nariz, los labios morados como las uvas, el pelo gris como la ceniza y  rizado a trozos, más bien parecían nudos.

 
Cuando contó el sueño a sus amigas éstas aseguraron haber soñado con una bruja muy parecida... No les parecía casualidad; pensaban que la bruja se estaba metiendo en sus sueños para torturarlas.

Un día que tenía mucha prisa, se decidió a pasar por delante de la casa para atajar y, de repente, vio a un grupo de personas en el jardín de la casa de la bruja. Corriendo se acercó para avisarles de que en la casa vivía una bruja pero ellos se rieron y le dijeron que la casa era una casa normal, que les pertenecía a ellos, pero  que hacía mucho tiempo que no la habitaban; solo algunos días de verano iban a hacer alguna barbacoa con sus amigos, de ahí el humo que había visto Sara al asomarse a la ventana.

La invitaron a entrar y a ver la casa y se dio cuenta de que la casa era muy vieja,  pero normal.

 

 

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