miércoles, 18 de diciembre de 2019


EL VIAJE DE TRIKITRA A TIRITITRAN
En el año 3019, en un lugar muy lejano de la galaxia de Andrómeda, en el planeta Trikitrá vivía una chica llamada Laura.
                  
Laura es la más pequeña de una familia, de 4 hermanos. 
Sus hermanos son mayores que ella; se llaman Pedro, Pablo y Nacho, y son un poquito brutos.


Sus padres se llaman Sebastián y Selena. Siempre están contentos y gastando bromas. Les gusta hacer senderismo y viajar.


Ella es la única chica. Es rubia, delgada, muy tímida y le encanta hacer deporte. Los mejores amigos de Laura son Lola y Esteban. A los tres les gusta patinar sobre ruedas.

A Laura le gusta mucho el pueblo donde vive. Hay cosas muy chulas.
En el planeta Trikitrá, hay una montaña muy grande, en la mitad del continente. El resto está rodeado de agua, pero el agua en algunas épocas se vuelve lila.
Laura, a veces, va de excursión con su familia, y suben hasta la cima de la montaña, para ver el paisaje desde arriba. Se ve todo el pueblo, y también se ve su casa.


En el pueblo donde viven, hay una plaza con una fuente, donde se pueden pedir deseos. Por la noche ponen luces en la fuente. En la época donde más deseos se cumplen es en verano.

Un día el alcalde reunió a todos los vecinos del pueblo en la plaza y les dijo:
-      Vecinos y vecinas del planeta Trikitrá, estamos aquí para contaros que la semana que viene habrá un viaje al planeta Tirititrán.  El ayuntamiento pondrá seis aeronaves, habrá sitio para todos. Os animamos a venir, lo pasaremos muy bien. – dijo el alcalde. 

Todos aplaudieron muy contentos.
Los hermanos de Laura fueron los primeros en apuntarse. Laura al principio no quería ir, le daba un poco de miedo. Nunca se había montado en una aeronave, pero sus padres no la podían dejar sola porque iban todos, y al final la convencieron de que sería una aventura muy divertida y que lo pasarían muy bien. Pero Laura, pensaba que algo no iba a salir bien.


Llegó el día de la escapada. Allí estaba casi todo el pueblo, todos querían ir a despedirles.
La gente que iba a viajar se ponían unos trajes especiales con casco. Se fueron montando en las naves, la tripulación les saludaba al entrar y les decían donde sentarse. Todos estaban muy nerviosos por el despegue.
El comandante estaba con el alcalde, y los concejales en la primera nave. En las demás naves iba la gente del pueblo que se apuntó.
El comandante empezó a dar la orden de despegue y dijo:
-      ¡3, 2, 1 ... despegue!
Iban más rápido que el viento. Laura estaba muy concentrada por el despegue, pensaba que las naves se iban a estrellar con algún satélite.
Después de un rato flotando por la galaxia de Andrómeda y mirando, desde las ventanitas pequeñas de la nave, su planeta, se dirigieron hacia el planeta vecino (Tirititrán).
   


Todas las naves aterrizaron en el planeta, y los vecinos empezaron a bajar de uno en uno, sin empujar. Los tirititraneros, les estaban esperando con banderas y una banda de música para darles la bienvenida. Habían decorado sus casas y les habían preparado habitaciones para que se alojaran a dormir.

Laura sospechaba algo de los tirititraneros, no parecían tan normales como otras veces, se les veía asustados, pero intentando disimularlo.
-      “¿Qué les ocurrirá a todos con esa cara tan paliducha?, -dijo Laura.
Cuando todos se fueron a dormir, Laura se quedó medio despierta, para averiguar lo que estaba pasando. La noche fue muy tranquila, no descubrió nada.
Al día siguiente, cuando se levantó, escuchó a los vecinos de la casa donde se quedaba su familia a dormir, hablar muy bajito. Se acercó a la sala de estar y se puso a escuchar sin que la vieran.  
-      Tenemos que intentar frenar a los conejitos invasores. Son una plaga, y se están comiendo todo el cereal de los graneros. – dijo el padre.
-      Los conejitos naranjas son los más peligrosos, pueden echar un líquido naranja y espeso que, si te cae en la piel, te quema – dijo la madre.

-      Esta noche hemos quedado todos los hombres y mujeres del pueblo para hacerlos presos -dijo el padre. 


De repente, Laura estornudó.
-      ¿Quién está ahí? -dijo el padre.
-      Soy yo, Laura, la vecina del planeta Trikitrá. -Respondió Laura triste.
-      No se lo puedes contar a nadie, por favor. Se asustarían todos y cundiría el pánico, y vosotros tenéis que tener cuidado -dijo la madre.
-      ¿Puedo ir con vosotros? -preguntó Laura.
-      No, sería muy peligroso -dijo el padre.
-      Por favor, dejad que os ayude. – insistió Laura.
-      Bueno, con una condición, solo pueden venir tus hermanos y tus padres, no se lo puedes decir a nadie más. Y si os pregunta a donde vais, decid que a dar un paseo. -dijo el padre.
-      Está bien, muchas gracias. No os arrepentiréis de dejadnos ir – respondió Laura con orgullo.
Laura salió corriendo de la sala de estar y fue a contarle a sus padres y hermanos la conversación que había tenido con los dueños de la casa. Mientras les susurraba el plan nocturno, sus hermanos le miraban con los ojos muy abiertos, estaban emocionados.
Ya era de noche, se vistieron de negro con una capucha para que no los vieran. Se reunieron todos en la plaza, habían hecho una hoguera gigantesca.

Todos estaban bailando alrededor de la hoguera. Porque ya sabían el plan para atrapar a los conejitos naranjas, ya tenían todo preparado.


Estaban todos preparados para cazar a los conejitos naranjas. Después de un rato intentando cogerlos, al final atraparon a todos. Estaban super contentos, pero no sabían qué hacer con ellos.
Un tirititranero que estaba allí dijo:
-      Les podemos hacer un hogar.
-      Vale, pero habrá que adiestrarlos un poco – dijo otro.
Ya llegó el día en que se volvían al planeta Trikitra. Laura no se quería ir, pero ya era la hora de volver.
Y volvieron a casa. Se lo pasaron genial, ese viaje fue inolvidable.  
FIN

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