domingo, 8 de marzo de 2015




 



Érase una vez un conejo llamado Juanito que estaba comiendo de una flor. Contaba la leyenda, que si comías esa flor te convertías en un monstruo.

Como Juanito era muy travieso, empezó a picotear todos los días de esa planta.

Una conejita lo vio masticando la flor prohibida y se lo dijo a todos los conejos. Su padre, de lo enfadado que estaba, le dijo que se buscase ya una casa donde vivir porque era mayorcito, y Juanito se fue.

Pasaron años y años y todo el mundo echaba de menos a Juanito; su padre lo buscó sin parar hasta que lo encontró. Había terminado los estudios y trabajaba en lo que más le gustaba. Tenía un cuerpo fuerte y era guapo. Le dijo que él y todo el mundo le echaba de menos y querían que volviese.

Al volver Juanito a la aldea, todos le miraban con curiosidad y se quedaron sorprendidos al ver que no se había convertido en un monstruo. Él dijo que aquella planta te daba energía para hacer lo que deseabas.

Desde aquel momento cambió la leyenda, y la planta pasó de ser algo malo, a convertirse en la cosa más valiosa que tenían en su aldea.

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