domingo, 3 de mayo de 2015

TRABAJO REALIZADO POR JULIA
Una vuelta por el pueblo mitológico asturiano
 

INTRODUCCIÓN

Más allá de los campos mediterráneos, lo más al este que puedes estar, te encuentras con Cabo de Peñas, sitio donde las serenes, con sus manos tan suaves como el algodón, tallaron una minúscula puerta decorada con conchas encontradas en el fondo del mar Cantábrico. Todos diréis que me lo estoy inventando… ¡Pues no! (Si no buscadlo en google maps)

En esta puerta encontraréis caras que os sonaran, por ejemplo, las de un Trasgu. Si la cruzas te darás cuenta que no has cruzado una puerta cualquiera si no una puerta a la fantasía. Os preguntaréis porque he puesto esta información… Os lo explicaré: Antiguamente la gente no tenía razones para explicar las cosas donde se necesitaba la ciencia, de forma que  utilizaban dioses o seres mitológicos; pero en la época actual la gente tiene razones y aquí nosotros no les servimos para nada, más bien se quieren deshacer de nosotros; por eso, esta puerta la construimos para refugiaros de los seres humanos modernos (los más peligrosos). ¡Uy! Casi se me olvida, Me llamo Lanumi; soy uno de esos que se llaman Trasgus. Somos pequeños y traviesos. Normalmente nos vestimos con una blusa y gorro rojo, por eso, los de la zona nos llaman “los del gorru colorau”. Una curiosidad es que tenemos la mano agujereada y somos muuuuy leales a la persona que fastidiamos; tanto, que si nos tiran trigo al suelo, al no poder recogerlos nos vamos de su casa tristes y destrozados. Preparaos para entrar en un mundo lleno de fantasía y mitología gía gía gía…

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A través de los montes, tan rosas como el algodón de azúcar, se encuentra el bosque de los Trasgus. Ahí es donde se refugian; el mapa es más o menos así:

 
Como veis, en este mapa está dibujado un bosque donde los Trasgus se refugian. Desde allí sale un río del que se desencadenan una serie de riachuelos que parecen pelos suaves, relajantes. A la derecha observamos unas montañas tan rosas como el algodón de azúcar pero… si os fijáis bien, hay un punto negro y marrón que indican la cueva de… No os quiero desvelar el secreto ¡Esperad a que las páginas os vayan apasionando con cada palabra que leen!

 
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Os iré explicando, de arriba abajo y de izquierda a derecha:

E n el bosque y en el lago habitan diferentes seres. Los Trasgus y los Diañus Burlones duermen en el bosque con una especie de zapato de madera, pero por la mañana se despiertan y se van a fastidiar a Les Bruxes que viven en las casas; dicen que esas casas están tan abarrotadas de cacharros que ni Dios consigue coger lo que quiere.

 
Causa graves trastornos en la vida familiar en aquellas casas que habita, molestando al ganado, tirando cosas al suelo, impidiendo que las personas duerman por las noches, etc. Sin embargo, si se le trata bien, y siempre y cuando esté de buen humor, el trasgu puede recoger y limpiar las casas, aunque suele ser más dañino que benefactor. Es tal la molestia que causa que en ocasiones las familias tienen que mudarse.

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El lago es otra historia, ahí habitan las Xanes, criaturas que están muy ligadas a las fuentes y saltos de agua,  Se las describe como chicas jóvenes y de tremenda belleza, de rasgos más bien nórdicos, de cabellos y ojos claros, se peinan a los orillas de las fuentes o saltos de agua con peines de oro.

 


Normalmente guardan tesoros bajo las aguas de sus lagunas cristalizadas. Los tesoros están protegidos por un individuo que es llamado El Cuélebre que se le describe como una serpiente gigantesca. Como son inmortales, con el pasar de los siglos las escamas se le vuelven tremendamente gruesas e impenetrables, y le salen alas de murciélago, pareciéndose más a un dragón que a una culebra.

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Como os conté en el capítulo uno, infiltrado en las montañas existe una cueva de otra criatura llamada Busgosu. Busgosu es un ser híbrido, mitad hombre mitad cabrito. Tiene espesas cabelleras, sus patas son de cabrito al igual que los cuernos que posee en su cabeza, mientras que el torso y los brazos, al igual que su rostro, son humanos. A este individuo le apasionan los humanos y los animales del bosque como pajaritos o cervatillos. Antiguamente mi amigo Busgosu raptaba a las mujeres para verlas y entenderlas. Cada persona tiene su entender pero yo, Lanumi, como le conozco (es más somos buenos amigos) sé que es la persona-cabritilla más simpática del mapa. También cuida mucho la naturaleza, por eso, muy a menudo Busgosu viene a hacerme visitas para que interactúe con los animales y plantas. Nadie sabe más que el sobre este tipo de cosas, salvó muchas vidas pero se pude decir que ahora está jubilado. Antes se dedicaba a construir las cabañas de los bañas pero, ahora, los que se pasan por su bosque van en unos carruajes con cuatro ruedas negras y si te pones detrás huele muy mal (creo que su alimentación no es muy adecuada porque tienen muchos gases).

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Ante todo hay una cosa que es esencial, el mar. Aquí conviven unos cuantos individuos y  cada uno tiene una función. Empezaremos con los Espumeros, que disfrutan trayendo lluvias y relámpagos a mares y tierras.  Los espumeros son 

duendes del mar, extremadamente pequeños y visten un traje de algas; llevan caracolas marinas que les dan les serenes (hablaremos de ellas más a delante), y ellos les corresponden con sus collares de flores, por lo que en ocasiones salen a tierra a recogerlas. Hay dos tipos de espumeros, unos que fastidian trayendo lluvias y tormentas abundantes y otros que vienen a avisar a las familias de los marineros de lo que sus compañeros esperan hacer.

 
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En este apartado os hablaré de uno de los seres más crueles, les serenes. Estas chicas-pez  son seres híbridos, mitad mujeres mitad pez. Viven en los mares cantando hermosas canciones. Suelen tener un carácter negativo y perverso. Con sus cantos hipnotizan a los humanos haciéndoles naufragar o morir ahogados. Sus hijos son muy peludos porque su piel es todavía sensible a la sal y el vello le protege lo suficiente para que no se haga “manchas de sal”. También tienen hermanas gemelas en otras leyendas o mitos como, por ejemplo, Hércules.

Aunque sean tan malas tienen sentimientos y no atacan a todo el mundo, solo al que pierde el respeto y la amabilidad hacia las personas; por eso, los espumeros tienen esas caracolas, para comunicarse con las serenes que hablan sobre quién atacar a quién.

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En este lugar está la peor parte del mapa, donde viven las Bruxes. A nosotros, los Trasgus, nos gusta hacerles travesuras y que se pongan a rabiar. Hay que tener cuidado con ellas porque con sus miradas pueden hacer enfermar a los que las han agraviado o a quienes les caen mal. Son ancianas feas, arrugadas y de malas intenciones que conocen todos los secretos de la magia y de la brujería. También se conocen todas las pociones y ungüentos habidos y por haber, que crean en ollas o grandes cacerolas. Suelen vestir siempre de negro, acompañadas por gatos igualmente negros y con escobas que la cultura popular ha dotado del poder de volar.

En Asturias se encuentra el peculiar Puig de Ses Bruixes (pico de las brujas). Hace muchos años, los habitantes de Llucmajor y Algaida sufrían los ataques de las continuas bromas de las brujas que habitaban en él. Las muy pillas, en cuanto veían que algún vecino pasaba cerca con su carro, volaban a cientos hasta el pobre incauto haciéndose invisible y montándose encima del vehículo impidiendo que se movieran los carros del peso, atascaban dichos carros sin que el pobre vecino pudiera saber el motivo de porque no se movía y quedaban retenidas las ruedas para su desespero y risotadas de las brujas. 

Esta era la típica trastada que hacían a la vecindad, aunque hacían muchas otras. Hasta que llegó a oídos del Rey Jaume, que se cansó de tanto cachondeo brujeril y se dispuso a echarlas del pico. Se hizo acompañar por dos sacerdotes y un monaguillo y subió con su carro hasta la cima. Las brujas se espantaron de verles llegar y, según dicen, cuando el rey plantó una cruz en la cima se fueron para siempre de allí.

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Y por último, completando mi guía “turística” de nuestro mundo, os presento al ente al que menos se  ve y menos se  escucha, los Mouros. Nada tienen que ver con los musulmanes, sino que son unos seres mágicos que vivían en Asturias desde el principio de los tiempos. Por una razón desconocida se vieron obligados a vivir debajo de la tierra, ejerciendo el oficio de la minería. No se suelen mezclar con los humanos, a no ser en encuentros casuales de la tierra. Debido a su forma de vida, tienen grandes tesoros que son protegidos por cuélebres o por hechizos. Rara vez salen al exterior a no ser para recoger comida, y solo salen al anochecer o por la noche o en días muy señalados como la noche de San Juan.

Hablando de San Juan, me voy que tengo que prepararme para mañana que los Vetolinos (Un Ventolín es un duende extremadamente pequeño, aunque en ocasiones se les puede ver. Flotan en el aire y en los rayos de la luna. Tienen facciones muy agradables y son hermosos) van a cantar a las Xanes para que bailen alrededor de la hoguera de San Juan y este año me dejan tocar la pandereta ¡¡¡¡¡¡POR FIN!!!!

FIN

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